La Quebrada… historia de un atractivo mundial

  • El inicio de los clavados en este lugar del puerto de Acapulco, fue casual. Ahora es un espectáculo mundial

Macroturismo / Redacción

La Quebrada, en Acapulco, es un asombroso acantilado de 38 metros de altura y un atractivo turístico de México para el Mundo.

Además de la belleza natural de este peñasco, el espectáculo de clavados es el imán para el turista nacional e internacional.

Su Historia o Leyenda

La historia o leyenda de este espectáculo data de los años 30, con un grupo de jóvenes que descubrieron esta poza, como un paseo o una diversión.

Cronistas del Puerto de Acapulco cuentan que los jóvenes Roberto, Salvador y Alfonso Apac, junto con otros amigos del barrio emprendían el camino hacia la montaña rocosa. Todo ello después de pescar para llevar alimento al hogar.

Los muchachos ataban a las rocas bajas del acantilado el pescado fresco y lo mantenían así, bajo el agua, mientras ellos subían.

Roberto, de apenas 15 años de edad, fue el primero en atreverse a escalar sobre las piedras filosas, animado por los gritos de la banda; el “Chupetas”, Poli, el “Viruta”, la “Changa”, el “Chocolate” y todos sus cuates.

El reto era escalar ese majestuoso peñasco. Ni la alta marejada, ni el chocar de las olas con las rocas lo hizo retroceder. Pese al vértigo por la altura, el muchacho logro escalar y pensó que el retorno sería más fácil, pero se dio cuenta que lo filoso de las rocas y lo resbaladizo no lo haría sencillo.

Roberto decidió descender, sin embargo, su mirada solo observaba el borde del precipicio y cada vez veía más reducido el rocoso acantilado.

Al ver que era muy difícil sostener pie en las rocas ya de bajada, y lo difícil que era encontrar un lugar donde fijar los pies, decidió mejor arrojarse al mar, a una poza que sabía solo alcanzaba los 4 metros de profundidad cuando las olas rompieran ahí.

Tenía que calcular entre ese tiempo y el tiempo que tardaría en terminar su clavado, pero además debía librar las salientes rocosas y luego perfilar su caída hacía el mar.

Su hermano Salvador le gritaba: –¡Si te avientas te vas a matar, no seas pendejo! – ¡No te tires ¡No lo hagas!,

¡Por favor no lo hagas! Les decían a gritos los otros.

El vuelo grácil de aquella espigada figura se perdió en el aire, entre la vista gris de ese montículo y el azul del mar; sus amigos vieron con asombro el clavado de Roberto.

De esta forma, un 13 de febrero de 1932, en un bello atardecer, como los que se acostumbran en este puerto mexicano, se dio el primer clavado en lo que ahora es la famosa Quebrada de Acapulco.

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