El Templo Budista “Ta*er… símbolo de magnificencia por encima de la modernidad

  • Los templos budistas  son atractivo turístico y muestra de la riqueza cultural y multiétnica que, lejos de morir, se amurallan y fortalecen en este inmenso territorio de la China comunista.

  • El templo budista conocido como Torre de Oro o monasterio “Ta*er”, es un ejemplo de ello, situado  en un área  de 144 mil metros cuadrados, a unos 25 kms de Xining, capital de Qinghai, Provincia de la República Popular China

Por Jesús Valdés / Macroturismo

Qinghai, China.- La magnificencia de los templos budistas dista mucho de someterse a elementos de una sociedad que habla de discriminación y racismo.

En Xining, capital de Qinghai se erige el  templo budista, conocido como “La Torre de Oro” o Monasterio “Ta¨ër” con un espectacular buda de oro de más de 2 metros de altura.

A lo largo y ancho de los 144 mil metros cuadrados de la superficie donde se localiza este monasterio se percibe  la sensación enigmática.

Con todo respeto a la creencia de este pueblo, nos adentramos en una de las múltiples salas del templo, donde se aprecian enormes telares  tejidos, que están ubicados a lo largo y ancho del recorrido, todos con figuras y lenguaje tibetano que muestra la veneración a buda.

Así, las  más de 5 mil  budas postrados en nichos de cristal y madera, cubren las paredes del recinto a todo lo largo de la sala.

Esta prohibido sacar fotos al interior de este recinto

pero en sus amplios pasillos que llevan de una  sala a otra, se aprecia la hermosa arquitectura de estilo Han y Tibetana,  tipo pagodas, una torre con techado de oro,  derivado de la arquitectura de estucos, base arquitectónica de los templos budistas en China.

Este recinto que data de 1577, tiene el Gran Salón de la Meditación, que es la institución autorizada para la organización religiosa del Monasterio.

Esta es la estructura más grande y se encuentra frente al Salón del Techo de Plata, con muros largos y cortos que enmarcan el sitio donde  reposan  las cenizas de Tsongkhapa., maestro del budismo tibetano, nacido en 1357.

Las montañas que rodean el templo budista que tiene  más de  9 mil 300 habitaciones  y 52 salones, con paredes de mosaico-cerámica, con incrustaciones de perkas, ágatas y gemas.

Mientras, en los pasillos del centro religioso y al interior de una de las salas, oran y se postran  de rodillas los creyentes, con trajes de seda y manta; en otra zona del templo,  la escuela del budismo muetras  la meditación y nsolemnidad de los monjes.

Más adelante, son observados interiores donde se concentra los tibetanos con meditaciones que les ayudarán a fortalecer su cuerpo y el espíritu.

Los salones en su interior  son todo madera bien cubierta de barniz especial, semioscuros, con veladoras que alumbran el andar de propios y extraños; pasillos alfombrados y muros cubiertos de tapetes que representan los cánones tibetanos.

Entre patio y patio, que conecta a cada recinto, además de apreciarse la antigua y bella arquitectura de las pagodas, existe una vitrina que resalta un escrupuloso trabajo artesanal de flores e imágenes  de veneración a buda, elaboradas con base base de mantequilla de leche.

Nadie puede dar crédito a este concepto hasta que lo vive. Esta sala se cambia cada año, no hay refrigeración al interior, según nos comentan los encargados.

El Templo Budista

Solo se renueva cada año durante las festividades del nuevo calendario chino.

Durante todo el recorrido, llama la atención  los hábitos guindas de los monjes tibetanos que caminan en ocasiones lento y otras veces apresurado, mirando de reojo, ocultándose de las cámaras fotográficas y de video que apuntan los turistas a los alrededores del templo.  

Esta  mezcla de misterio y enigma envuelve también la actitud de las y los creyentes, a quienes no les gusta que les tomen fotos cuando están meditando y orando en los pasillos o a la entrada de las salas de oración.

Sin duda los yuanes o dólares del costo de la entrada a este templo budista, significa poco para los visitantes, quienes coincidimos en que la historia y la cultura de este recinto, aunado al misticismo, fe e idiosincrasia de las etnias tibetanas, nos llevan a un ámbito de reflexión de todo un entorno.

Esto nos lleva a pensar  un modernismo mal concebido, cuyo crecimiento de inmuebles de estructura y concreto en la ciudad, hacen que la convivencia de los seres humanos vaya perdiendo el trato amable y personalizado.

Incluso las oraciones de fervor que se vierten en la sala de la longevidad, hacen que uno como visitante se sumerja en este manto  de oración y rejuvenezca en sus ideas, saliendo fortalecido en cuerpo y mente.

 El templo bien llamado  como la Torre de Oro,  llama a la paz,

con un misticismo que se  refleja  desde sus puertas iniciales, que al interior muestran a un “dios, cuya apariencia física no es agradable a la vista, por eso cubre su cara, con un tejido”, así lo manifiesta  uno de nuestros guías.

Nos despedimos, sin dejar de apreciar las pinturas multicolores, hechas a base de minerales, de gran atractivo  y en donde se dibuja el origen  de los tibetanos, como un  homenaje a buda, en una veneración que va más allá de la fe y de la naturaleza misma del hombre.

La vorágine de la modernidad y el avance tecnológico que envuelve al mundo, se muestra en la ciudad de Xining, capital de Qinghai, provincia ubicada al Noreste de China.

Pese a ello, las costumbres, atuendos de las 55 multietnias que radican en esta región, prevalece y son uno de los principales motivos de atracción turística.

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